miércoles, 25 de diciembre de 2013

Las aguadas, la antesala de la pintura

He esta viendo algunos dibujos de aguadas y la verdad me ha parecido una técnica muy interesante y más sencilla y asequible para cualquiera de lo que se ve en un primer momento. Por ello hoy voy a dedicarles unas líneas.
La aguada define la técnica de dibujo realizada con un pincel húmedo y agua utilizando un solo color, generalmente negro (aunque todos los matices de pardo, nogal, bistre, índigo, caolín verde, azul negruzco, sanguínea, gris de Payne, son apropiados para la aguada), para dar más veracidad y vida al dibujo, ya que completa la representación lineal al añadir el juego de luces y sombras. Para trabajar con aguadas es preciso tener tinta china, tinta sepia o un par de colores de acuarela. Pero los principales  protagonistas de esta técnica son los pinceles, que a la postre constituyen un medio más dulce que las barras, las cuales actúan por frotación.
Si vamos a trabajar con aguadas debemos disponer de dos o tres pinceles de diferentes tamaños, y asegurarnos de que son capaces de retener una gran cantidad de agua. Lo más práctico es combinar un par de pinceles con una paletina de punta cuadrada.
La aguada nace de los suaves movimientos del pincel, que deposita la carga de color sobre el papel con movimientos sinuosos y rítmicos. En cada aplicación, con cada giro de la muñeca, el pelo se dobla como si fuera el cuerpo de un bailarín.
Reparto de la luz
Para aplicar una buena técnica de la aguada, la clave reside en estimar correctamente el reparto de la luz en el dibujo, que debemos plasmar en seguida con una aguada más o menos diluida. Primero cabe considerar qué zonas vamos a dejar del color blanco del papel, serán aquéllas donde la incidencia de la luz sea máxima; a continuación, aplicamos las primeras aguadas de un gris tenue, y a medida que se van secando vamos oscureciendo las zonas sombrías con nuevas aguadas.
Trabajo acumulativo
La aguada es una técnica acumulativa; se trabaja aplicando capas pálidas y transparentes, añadiendo una capa sobre otra hasta obtener los tonos más oscuros. La aplicación de capas sucesivas, gradualmente más oscuras, pero siempre transparentes, produce un efecto de sombras aterciopeladas. Hay que  proceder despacio y esperar a que las aguadas se sequen, ya que una capa debe estar seca antes de aplicar la siguiente. Conviene actuar con prudencia, aumentar la intensidad tonal de una u otra parte sólo tras una detenida reflexión, ya que no se puede corregir.