sábado, 1 de marzo de 2014

Las fronteras del dibujo y la pintura

Suele considerarse que los dibujos excesivamente coloreados se encuentran en una imprecisa frontera entre lo dibujístico y lo pictórico. A pesar de aplicarse algunos de ellos con técnicas de frotación (como el carboncillo, las cretas, los lápices de colores o los pasteles grasos), es cierto que mediante la riqueza cromática, los efectos de difuminado, los degradados y las mezclas de tonos, algunos dibujos se acercan al ámbito de lo pictórico. En este apartado trataremos de recorrer esta delgada frontera y ver las posibilidades cromáticas y creativas que ofrece el dibujo coloreado y cuánto podemos aprender del mismo antes de enfrentarnos al gran arte de la pintura.
Nuestro principal objetivo debe ser la experimentación con los medios, sin preocuparnos de que la obra resultante se considere un dibujo o una pintura.
Dilución de los colores
Si bien el uso de una amplia gama de colores acerca el dibujo a la pintura, también lo hace, y en mayor medida, la dilución de estos colores en cualquier medio (agua, alcohol, aceite o aguarrás). La mezcla de técnicas secas y húmedas no resulta extraña en el dibujo; sin embargo, adquiere un nuevo sentido cuando las gamas cromáticas tienen mayor relevancia. Si trabajamos con medios grasos, al diluirse en disolventes orgánicos como el aguarrás, se convierten en una sustancia untuosa y resultan fáciles de manipular con un pincel, lo cual nos recuerdda un procedimiento esencialmente pictórico.
El pastel graso puede disolverse con sólo pasar un poco de aguarrás por encima. También pueden mezclarse con aguadas de color. Su rechazo al agua permite que los trazos no desaparezcan sino que se muestren vigorosos y expresivos. Tambíen pueden calentarse hasta fundirse, dando lugar a una apariencia cremosa que se puede aplicar fácilmente con una espátula.
Lo primero la experimentación
Es bueno conocer todas las consideraciones acerca de las fronteras del dibujo, pues nos hacen reflexionar sobre cuáles son los límites de éste, pero ello no debe condicionar nuestro trabajo. No se trata ahora de evitar la incorporación de un efecto determinado al dibujo por temor a que se considere una pintura. Lo principal es divertirse, añadir el color al dibujo realizando mezclas y diluciones, si cabe. Lo que prima es la experimentación y el resultado, luego ya pensaremos en qué categoría artística inscribiremos la obra.