
La transparencia del color es un factor imporante en las aguadas, ya que a ella se deben los cambios en la intensidad del tono de la mancha. La transparencia de la mancha permite atenuar el tono hasta hacerlo casi indistinguible del blanco del papel.
Diversidad de texturas y efectos
La acuarela permite muy variados efectos y soluciones cromáticas, que incluyen desde el aprovechamiento de la textura del papel, para efectos de pinceladas rugosas, hasta la utilización de accesorios, como las esponjas, la goma de enmascarar, el papel de lija o la lejía, para diversificar la consistencia de la superficie pintada.
Delicadeza y luminosidad
La acuarela es el más delicado y elegante de los procedimientos pictóricos. Se convierte en el medio perfecto para captar los sutiles matices de luz y tono de la naturaleza. La transparencia de sus colores aguados hace resaltar la superficie blanca reflectora del papel, y esto proporciona una luminosidad única a la pintura. El color blanco en acuarela no existe, por lo que los colores se aclaran con agua para que se vuelvan más transparentes gracias a la relacion que se establece con la blancura del papel. Las zonas que se dejan sin pintar son fundamentalmente para obtener los toques de luz. A medida que se superponen nuevas aguadas sobre la superficie reflectora del papel, los colores devienen más profundos y oscuros, ya que el blanco del soporte se refleja menos.
Estirar las aguadas
La pintra a la acuarela parte de una técnica aparentemente sencilla; en principio, consiste sólo en untar el color con el pincel mojado y aplicarlo sobre el papel, estirándolo con más cantidad de agua para que éste se degrade. Primero se trabaja con aguadas muy claras y se van oscurediendo progresivamente los colores de la acuarela. Empezar con colores intensos puede hacernos pintar una zona más oscura de lo que es en la realidad y, como consecuencia, obligarnos después a oscurecer el resto de la pintura para mantener la relación tonal general correcta.
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